Oficina del Presidente
Oficina del Presidente|Jan 21, 2026 16:28
VERSIÓN COMPLETA DISCURSO DAVOS 2026: EL RENACER DE OCCIDENTE 1. INTRODUCCIÓN Buenas tardes a todos. Estoy aquí frente a ustedes para decirles de modo categórico que Maquiavelo ha muerto. Durante años se nos deformó el pensamiento presentándonos un falso dilema al diseñar políticas públicas donde se debía optar entre la eficiencia política en contraposición al respeto de los valores éticos y morales de occidente. Tal como señala el profesor Jesús Huerta de Soto en su trabajo sobre la eficiencia dinámica, desde dicho punto de vista, la eficiencia no es compatible con diversos esquemas de equidad o justicia, sino que surge única y exclusivamente de uno de ellos, el cual se basa en el respeto de la propiedad privada y la función empresarial. Por eso, la oposición entre las dimensiones de eficiencia y justicia es falsa y errónea. Esto es, lo justo no puede ser ineficiente ni lo eficiente injusto. Y es que, en la perspectiva del análisis dinámico, justicia y eficiencia son dos caras de la misma moneda. Sin lugar a dudas, quien anticipó esta situación con mayor claridad fue Murray Rothbard, al plantear la conexión que existe entre la concepción dinámica de la eficiencia económica y el ámbito de la ética. Rothbard consideraba imprescindible establecer previamente el marco ético adecuado que impulse la eficiencia dinámica, dado el desconocimiento que tenemos respecto de los fines, medios y funciones de utilidad que existen en la realidad. En este sentido, dicho marco está constituido por el conjunto de normas que delimitan el derecho de propiedad y hacen posible el intercambio voluntario, en el que los diferentes individuos siempre dejan de manifiesto cuales son sus preferencias. Así, para Rothbard, a lo cual adscribo, aún desde mi rol de presidente de la gran nación argentina, sólo los principios éticos subyacentes en la cultura occidental, pueden servir como criterio de eficiencia a la hora de tomar decisiones en materia de políticas públicas. Puesto en términos crudos, al momento de diseñarse las políticas públicas resulta inadmisible desde el punto de vista de la ética y la moral, sacrificar a la justicia en el altar de la eficiencia. Esta consigna en favor de los valores, no sólo está por encima de la eficiencia económica, sino que aún lo está mucho más por encima del utilitarismo político. Así, al dejar de lado los valores éticos y morales ello deriva en políticas que no sólo son injustas, sino que además llevan al colapso, no sólo en lo económico, sino también en el plano de lo social, a punto tal que podría terminar acabando con la propia civilización occidental. Por ello, en 2024, en este foro señalé que occidente estaba en peligro. A su vez, en mi exposición de 2025 mostré que las agendas y las políticas que se venían impulsando desde los distintos organismos y foros internacionales, no eran ni más ni menos que todo un conjunto de políticas socialistas, arropadas de modo elegante para engañar a personas de almas nobles llenas de buenas intenciones, pero con los mismos resultados catastróficos de siempre. Por eso, nunca debemos olvidar las palabras de Thomas Sowell sobre el socialismo, al cual le reconocía el mérito de que suena muy lindo, pero que cuya contracara es que siempre termina mal. Horriblemente mal. Sin ir más lejos y más allá de los continuos desastres causados por el socialismo durante el siglo XX, veamos los daños aberrantes causados en Venezuela, y no sólo por una caída del 80% de su PIB, sino que mucho peor aún, a la luz del establecimiento de una narcodictadura sangrienta cuyos tentáculos terroristas se expandieron por todo nuestro continente. Por ello, hoy más que nunca, frente a la degradación ética y moral que atraviesa occidente, fruto de haber abrazado la nueva agenda socialista, es necesario volver a impulsar las ideas de la libertad. Sin embargo, a diferencia del modo en que se encaró en el pasado, basado en un enfoque utilitarista, hoy la defensa del sistema capitalista de libre empresa debe estar basado en su virtud ética y moral. Esto es, como señala Israel Kirzner, los socialistas de hoy no niegan la superioridad del capitalismo en lo productivo, lo cuestionan por ser injusto. Por ello, no basta con que el sistema sea más productivo, ya que, si su raíz fuera injusta, el capitalismo no merecería ser defendido. Por lo tanto, hoy les demostraré que el capitalismo de libre empresa no sólo es más productivo, sino que además es el único sistema justo. A su vez, les demostraré que no existe dilema entre el utilitarismo político y la política basada en valores, ya que, si las mismas estuvieran en conflicto, ello implica que las bases del utilitarismo político deben descartarse por injustas. Por lo tanto, esto implicará que, si queremos salir de nuestro oscuro presente, debemos volver a inspirarnos en la filosofía griega, abrazar el derecho romano y retornar a los valores judeo-cristianos, lo cual nos permitirá salvar a occidente. 2. LEY NATURAL, LEY POSITIVA, JUSTICIA, PROPIEDAD PRIVADA, PRINCIPIO DE NO AGRESIÓN Y LIBERALISMO Gran parte de los conflictos humanos surgen de una fallida interrelación entre el derecho natural y el derecho positivo. Así, el derecho natural es la ley que debe regir al ser humano porque se adecua a su naturaleza y por lo tanto es justa en sentido universal. Es una ley común para todos los hombres porque es intrínseca a su esencia y por lo tanto inmodificable e inmutable. Por otra parte, el derecho positivo es el que redactan los hombres para regir a su conveniencia. De este modo, cuando la ley positiva está en consonancia con la ley natural habrá justicia. En su defecto, la ley será legal pero no será legítima. En función de ello se reconocen dos derechos fundamentales: los derechos a la vida y a la libertad. El hombre nace vivo y nace libre y tiene derecho a conservar esos atributos de la naturaleza. Además, tiene derecho a que sus semejantes se los respeten, en orden a buscar su propia felicidad que es el fin al que tiende todo hombre. En paralelo tenemos los derechos adquiridos, los cuales no son naturales ni tampoco son inherentes al ser humano, sino que los mismos son ganados por merecimiento u obtenidos por regalo. De este modo, del derecho fundamental a la libertad se deriva el derecho adquirido de la propiedad privada, y ello se manifiesta en que podamos libremente adquirir un bien con el fruto de nuestro trabajo o podemos recibir un bien que libremente nos donen o hereden. A su vez, el derecho de propiedad, en especial por sus consecuencias dinámicas, se vincula con el principio de apropiación de Locke, por lo que ahora la propiedad no sólo puede derivar de una donación, regalo, herencia y/o intercambio, sino que se suma la apropiación del descubrimiento y de una creación. Finalmente, estos derechos se complementan con el principio de no agresión, el cual establece que ningún ser humano tiene derecho a ejercer agresión de ningún tipo contra otro ser humano, lo cual no sólo incluye la agresión física sino también todo tipo de coacción, coerción y/o imposición bajo amenaza del uso de la fuerza. De ahí que definimos liberalismo, acorde a Alberto Benegas Lynch hijo, como “el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión y en defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad. Cuyas instituciones emergentes son: la propiedad privada, los mercados libres de intervención estatal, la competencia entendida como libre entrada y salida, la división del trabajo y la cooperación social. Naturalmente, asociado a este ordenamiento social surge la cuestión de si el mismo es justo. Por ende, para determinar si el sistema es justo, la referencia obligada es Ulpiano, cuya premisa básica constituye la base del derecho romano y sin dudas es uno de los pilares de la civilización occidental. Así, “la justicia es la constante y persistente voluntad de otorgar a cada cual su derecho”, esto es, la intención de dar a cada uno lo suyo, lo que le corresponde. Sin embargo, la sentencia de Ulpiano no se quedó ahí, sino que a continuación añadió que los principios del derecho constan en “vivir de modo honesto sin causar daño a nadie y dando a cada cual lo que es suyo”. Por lo tanto, de todo esto se deriva que una de las características del liberalismo es que es una doctrina justa. 3. ÉTICA DE LA PROPIEDAD PRIVADA Y EFICIENCIA Dado el entramado institucional emergente, el cual además hemos probado que el mismo es justo, ahora es momento de probar que además es eficiente. El primer planteo al respecto fue realizado por Adam Smith, quien, utilizando el argumento de la mano invisible, postulaba que cada individuo persiguiendo su propio interés, llevaba al máximo bienestar social. Más tarde, los neoclásicos, guiados por una idea de la mano invisible basada en el óptimo de Pareto, lograron derivar el primer axioma de la economía del bienestar, esto es, todo equilibrio competitivo es óptimo de Pareto. Sin embargo, esto implicaba abrazar una estructura matemática que dejaba abierta las puertas a la intervención estatal, bajo las buenas intenciones de corregir los fallos de mercado, los cuales, desde mi perspectiva no existen. Para ello, la prueba que ha desarrollado Hans-Hermann Hoppe, basada en los derechos de propiedad en línea con el principio de apropiación originaria de Locke junto al principio de no agresión, no sólo resulta satisfactoria en probar la optimalidad, sino que, además, no deja lugar a la intervención. De este modo, Hoppe señala: “Cualquier desviación de este conjunto de reglas implica, por definición, una redistribución de títulos de propiedad y por lo tanto de los ingresos, desde los usuarios productores y contratantes de bienes hacia los no usuarios productores y no contratantes. Por lo tanto, cualquier desviación en tal sentido implica que habrá relativamente menos apropiación originaria de recursos cuya escasez sea conocida, y por ende habrá menos producción de nuevos bienes, menos mantenimiento de los bienes existentes, y menos contratos y comercios que sean mutuamente beneficiosos. Esto naturalmente implica un menor estándar de vida en relación con los bienes y servicios que pasan de mano en mano. Además, el postulado de que sólo el primer usuario, no el último, de un bien adquiere el derecho de propiedad sobre el mismo nos asegura que los esfuerzos productivos serán tan altos como sea posible en todo momento. A su vez, la noción de que sólo la integridad física de la propiedad, no el valor de la misma, debe ser protegido garantiza que todo propietario llevará a cabo los mayores esfuerzos productivos de valor, esto es, esfuerzos para promover cambios favorables en el valor de la propiedad y para prevenir o contrarrestar cualquier cambio no favorable en el valor de la misma, por lo tanto, cualquier desviación de estas reglas implica una reducción de los esfuerzos productivos en todo momento.” Nótese que al pivotear sobre la propiedad privada y no sobre funciones de demanda derivadas de ejercicios de optimización, permite alcanzar un óptimo sin la necesidad de usar supuestos esotéricos que luego brinden sustento a la intervención estatal. Al mismo tiempo, evita caer en el ridículo empírico del segundo teorema de la economía del bienestar que postula la independencia entre producción y distribución, como si la opción entre capitalismo y comunismo fuera neutral en términos de resultados. 4. ÉTICA, EFICIENCIA DINÁMICA Y CRECIMIENTO Por tanto, habiendo probado que las instituciones del capitalismo de libre empresa, sostenidas por los derechos naturales, el principio de apropiación originaria de Locke y el principio de no agresión, no sólo que son justas, sino que además son eficientes, al menos en términos estáticos, es momento ahora de probar que el capitalismo de libre empresa cumple con todas estas mismas propiedades en términos dinámicos. Jenofonte, ya 380 años antes de cristo, señalaba que la economía es un saber que permite a los hombres acrecentar la hacienda mientras postulaba que la propiedad privada resultaba el vehículo más provechoso para la vida de cada cual. Luego de ello, Jenofonte se ocupa del concepto de eficiencia, el cual lo aborda desde dos perspectivas. Por un lado, desde una visión estática, define como eficiente a la gestión de los recursos disponibles tendiente a evitar el despilfarro, donde además se resalta el beneficio de la propiedad privada al señalar que “el ojo del amo es la mejor fórmula para engordar su ganado”. Por otro lado, Jenofonte en su segunda definición de eficiencia se adentra en el terreno dinámico, señalando que, a su vez, la eficiencia implica incrementar la hacienda. Esto es, se trata de aumentar la cantidad disponible de bienes por la vía de la creatividad empresarial, esto es, por la vía del comercio y de la especulación. Este último criterio de eficiencia es de importancia fundamental para el estudio del crecimiento de una economía, ya que a diferencia de un modelo estático en el que sólo se contemplan lo que Robert Lucas Jr. definía como los parámetros profundos, esto es, preferencias, tecnología y dotaciones de recursos iniciales, en la esfera dinámica, tanto la tecnología como las dotaciones iniciales pueden variar, y de hecho lo hacen continuamente, como resultado de la creatividad empresarial. Es más, un capítulo aparte obedece a la institución de la propiedad privada y que, pivoteando sobre ella, la escuela austríaca de economía desde Mises, Hayek, Rothbard, Kirzner, Hoppe hasta Jesús Huerta de Soto, ha demostrado la imposibilidad del socialismo y por ende, echando por tierra la fantasmagórica idea de John Stuart Mill que postulaba la independencia entre la producción y la distribución. Una sordera académica que derivó en el socialismo y que le costó al mundo la vida de 150 millones de seres humanos, al tiempo que aquellos que lograron sobrevivir al terror, lo hicieron en una absurda pobreza. 4.1. CRECIMIENTO Y FUNCIÓN EMPRESARIAL Acorde a lo señalado y en línea con la segunda definición del análisis de Jenofonte, la teoría económica ha identificado cuatro fuentes de progreso económico: En primer lugar, tenemos la división del trabajo, lo cual fue ejemplificado por Adam Smith con la fábrica de alfileres. En el fondo, se trata de un mecanismo por el cual se generan ganancias de productividad que se manifiestan como rendimientos crecientes y que si bien su límite está delimitado por el tamaño del mercado, el tamaño del mismo se ve afectado positivamente por ello. Sin embargo, vale la pena aclarar también que este proceso virtuoso no es infinito, cuyo límite choca con la dotación de recursos. En segundo lugar, la acumulación de capital, tanto físico como humano. Respecto al capital físico es crucial la interacción entre ahorro e inversión, poniendo de manifiesto el rol fundamental del mercado de capitales y el sistema financiero, para lograr llevar a cabo dicha intermediación. Por el lado del capital humano el foco no debe limitarse al plano educativo, sino que también debe considerarse el desarrollo de capacidades cognitivas desde el nacimiento del ser humano, su alimentación y la salud, elementos fundamentales para poder acceder a la educación y al mercado del trabajo. En tercer lugar tenemos el progreso tecnológico, el cual significa poder producir una mayor cantidad de bienes con la misma cantidad de recursos o producir lo mismo empleando una menor cantidad de insumos. Finalmente, tenemos el espíritu empresarial o, mejor dicho, la función empresarial, la cual, y acorde al profesor Huerta de Soto, constituye el principal motor del proceso de crecimiento económico, ya que, si bien los tres factores señalados son importantes, sin empresarios no habría producción y el nivel de vida sería extremadamente precario. A su vez, esta premisa se deriva de cinco elementos asociados a la misma función empresarial. En primer lugar, porque la función empresarial produce información que permite capturar las oportunidades de ganancias y donde dicha información producida es de carácter subjetiva, dispersa y tácita. En segundo lugar, la función empresarial transmite información en el mercado, donde los precios incorporan enormes cantidades de información a bajo costo. En tercer lugar, la propiedad, los precios, las ganancias y las pérdidas son los factores claves que permiten el cálculo económico y, por lo tanto, la función empresarial juega un rol preponderante para coordinar oferta y demanda e impulsar los ajustes necesarios que requieren los desequilibrios emergentes. En cuarto lugar, la función empresarial es esencialmente competitiva y se manifiesta como una necesidad continua de readaptación a condiciones cambiantes para resolver problemas humanos. Por último, el proceso de mercado es dinámicamente eficiente porque las personas sólo pueden mejorar su bienestar dirigiendo su inteligencia a resolver las necesidades del prójimo, las cuales son de naturaleza infinita y cambiantes. Por lo tanto, la función empresarial no se focaliza tanto en la eficiencia de corto plazo, sino más bien en el crecimiento de la cantidad de bienes y servicios, lo cual deriva en mayores niveles de vida. 4.2. EFICIENCIA DINÁMICA E INSTITUCIONES En función de esto, lo verdaderamente importante es expandir al máximo la frontera de posibilidades de la producción. Así, la eficiencia dinámica puede verse como la capacidad de una economía para impulsar la creatividad y la coordinación empresarial. A su vez, el criterio de eficiencia dinámica está indisolublemente unido al concepto de función empresarial, siendo esta la capacidad típicamente humana para darse cuenta de las oportunidades de ganancias que surgen en el entorno y actuando en consecuencia para aprovecharse de las mismas. Haciendo que se vuelva fundamental la tarea de descubrir y crear nuevos fines y medios, impulsando una coordinación espontánea destinada a resolver los desequilibrios del mercado. Por otra parte, esta definición de eficiencia dinámica que propone Huerta de Soto combina adecuadamente y de modo coherente, la idea de la destrucción creadora de Schumpeter con la eficiencia adaptativa de North. Naturalmente, dado el rol de la función empresarial, es de vital importancia las instituciones bajo las cuales se desarrolla la misma. En ese sentido, tanto Douglas North como Jesús Huerta de Soto ven como una función clave de las instituciones la de reducir la incertidumbre. Así, mientras North las presenta como un conjunto de restricciones ideadas por los humanos que estructuran la interacción social de un modo repetitivo, Huerta de Soto considera que estas instituciones concebidas por seres humanos emergen de un proceso de interacción social de modo espontáneo sin el diseño de una sola persona, las cuales reducen la incertidumbre del proceso de mercado. De este modo, como señala Roy Cordato, el marco institucional adecuado es el que favorezca el descubrimiento empresarial y la coordinación. Por lo que en este marco, la política económica debería orientarse a identificar y remover todas las trabas artificiales que dificultan el proceso empresarial y los intercambios voluntarios. En este sentido, dada la influencia determinante de las instituciones en el progreso económico, ello nos dirige la mirada hacia la importancia de la ética, ya que aquellas sociedades que adhieran a valores morales y principios éticos más sólidos en el respaldo de las instituciones, serán dinámicamente más eficientes y con ello disfrutarán de una mayor prosperidad. 4.3. ÉTICA Y EFICIENCIA DINÁMICA En línea con la teoría de la función empresarial y el concepto de eficiencia dinámica, todo ser humano posee una innata capacidad creativa que le permite apreciar y descubrir las oportunidades de ganancia que surgen en su entorno, actuando en consecuencia para aprovecharse de las mismas. De este modo, la empresarialidad es la capacidad típicamente humana para crear y descubrir nuevos medios y fines. De acuerdo a esta concepción, los recursos nunca están dados, sino que tanto los medios como los fines son continuamente ideados y concebidos ex novo por los empresarios, siempre deseosos de alcanzar nuevos objetivos que ellos descubran que tienen mayor valor. Así, el problema ético fundamental pasa a concebirse como la búsqueda de la mejor manera para fomentar la coordinación y la creación empresarial. Por lo tanto, en el campo de la ética social se llega a la conclusión de que la concepción del ser humano como un actor creativo y coordinador, implica aceptar con carácter axiomático el principio de que todo ser humano tiene derecho de apropiarse de los resultados de su creatividad empresarial. Es decir, que la apropiación privada de los frutos de aquello que crean y descubren los empresarios es un principio del derecho natural, porque, si el actor no pudiera apropiarse de lo que crea o descubre, entonces se bloquearía su capacidad de detectar oportunidades de ganancias y desaparecería el incentivo que tiene para llevar a cabo sus acciones. En definitiva, el principio ético que acabamos de enunciar es la base de fundamentación ética de toda la economía de mercado. (CONTINÚA)
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